Me tenía hasta los cojones la puta de mi hija. Siempre andaba provocándome paseando por casa con tanguita y sujetador mientras me miraba sonriendo. Yo hacía “la vista gorda” para no caer en la tentación de follármela, pero los hombres tienen un límite y yo lo traspasé hace tiempo…

Estoy divorciado y mi hija vive conmigo, reconozco que el viernes pasado llegué más borracho de la cuenta. Cuando la vi en el sofá en lencería esperándome supuestamente porque dice que no puede dormir hasta que no llego a casa, se me puso la polla como un hierro y el resto tenéis que verlo.