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Ricardo y yo nos follamos a nuestra amiga Lidia y a su madre

Todo sucedió un viernes, estaba con mi amigo Ricardo y estábamos esperando a que saliera la madre de nuestra amiga Lidia de casa. Estaba divorciada y era una mujer impresionante, tenía el mejor culo que habíamos visto nunca y era nuestro sueño.

Si la madre estaba buena su hija igual pero 20 años más joven, la madre tenía 43 y su hija 19, pero me daba igual cualquiera de las dos en el fondo. Dicen que de tal palo tal astilla y efectivamente en este caso era así.

Ricardo y yo teníamos claro que tarde o temprano acabaríamos follando con ellas, o al menos era nuestra fantasía. El caso es que el viernes estábamos “haciendo guardia” como siempre en casa de Lidia y salió su madre, así que nuestra amiga se quedaba sola en casa. Después de admirar el fantástico cuerpo de aquella cuarentona nos quedamos un rato hablando de ella.

Cuando su madre desapareció llamamos a la puerta y salió Lidia, dejándonos entrar como otras muchas veces. Estaba haciendo ejercicios porque se montó una especie de gimnasio e imaginaos Ricardo y yo la cara que teníamos mirando su culo y su coño marcando con unos leggins mientras hacía las rutinas.

Ambos estábamos empalmados obviamente y buscábamos un momento para decirle: mira Lidia, nos gustas y queremos follarte. Pero no hizo falta…

Cuando terminó de hacer sus rutinas delante de nosotros se quitó los leggins y se quedó en braguitas, imaginad la cara de tontos que se nos quedó. Entonces dijo: sé perfectamente qué queréis y la verdad es que me excita la idea.

Mientras le mirábamos el culo embobados nos dijo: acercaos, no muerdo… Corriendo empezamos a manosearla y a lamer todo su cuerpo, me daba igual comerme las babas de mi colega porque aquello era increíble. Le metíamos los dedos por el culo y por el coño y ella simplemente gemía, ¡era muy puta y no nos habíamos dado cuenta!.

Ya era suficiente, quería metérsela y Ricardo también, así que para no discutir yo se la metí por el culo y Ricardo por el coño, ¡qué placer por favor!.

De repente me giré hacia la puerta y estaba su madre allí plantada y sonriente mirando lo que hacíamos, Diossss, no la habíamos escuchado y lo fuerte es que no me daba la gana de parar de follármela. Le hice un gesto a mi amigo y vio a la madre de Lidia, pero tampoco paró de follarse a su hija.

Lentamente se acercó a nosotros y empezó a acariciarnos mientras se desnudaba y lo primero que pensé es que no era la primera vez que esa zorra hacía un cuarteto con su hija. No hablamos absolutamente nada y en vista de que aquella mujer se iba a unir a nuestro trío, opté por dejar de follarme a su hija para centrarme en ella.

De siempre me han vuelto loco las maduras y supongo que a Ricardo también, pero era mía y no pensaba compartirla con nadie. Lo que hice fue ponerla a 4 patas al lado de su hija y empezar a follármela. Madre e hija se besaban con lengua mientras mi amigo y yo nos las follábamos a lo perrito, era un sueño cumplido que quizá nunca se volvería a repetir.

Ambas chicas jadeaban al unísono, sus coños estaban palpitantes y era evidente que se estaban corriendo, era pues hora de hacerlo nosotros. Ricardo y no nos miramos, sacamos la polla de sus coños y nos corrimos a placer en sus nalgas mientras ellas seguían besándose. Después nos invitaron a ducharnos con ellas y su comportamiento era tan normal que parecía anormal, no sé, una cosa muy extraña.

Después de eso ya no hace falta que hagamos “la ronda”, cada vez que vamos a casa de Lidia y está su madre la cosa se lía y terminamos follando…. Continuará.

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