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Superé mi divorcio gracias a mi hijo mayor

Para mi fue traumático romper mi matrimonio tras 25 años casada. Quería mucho a mi marido y aún lo sigo queriendo, pero jamás le perdonaré que me fuera infiel con mi mejor amiga. Quiero contaros cómo superé mi divorcio con la ayuda de mi hijo mayor, un chico maravilloso que me ha devuelvo las ganas de vivir.

Espero que mi historia puede ayudar a otras mujeres separadas que lo estén pasando mal, ya no por lo que sucedió con mi hijo, sino para que se den cuenta que hay muchos hombres en este mundo capaces de hacerte muy pero que muy feliz…

Después de separarme entré en una gran depresión que me obligó a coger la baja laboral. Estaba todo el día encerrada en casa tomando pastillas, no quería ver a nadie y los pocos esfuerzos que hacía por vivir eran por mis hijos. Mi hijo pequeño ya no vivía en casa porque se había alquilado un piso con su novia, pero mi hijo mayor fue el que siempre estuvo ahí apoyándome y ayudándome.

Me sentía realmente mal, primero porque no era justo para mis hijos y segundo porque me veía fea, no podía asimilar lo que me hizo mi ex-marido y tampoco era capaz de salir de ese bucle. Por momentos pensé en tirar la toalla definitivamente, pero ni para eso tuve valor…

Un día mi hijo el mayor se fue a la universidad como siempre y con una sonrisa cariñosa me dijo: por favor mamá, cuídate, date un baño relajante, píntate, arréglate y sal a la calle porque eres una mujer muy guapa, cualquier hombre estaría encantado de vivir contigo el resto de su vida. Me dio un beso en la frente y se fue.

Sinceramente, necesitaba aquellas palabras y me sentí tan bien por lo que me había dicho mi hijo que le hice caso. Yo siempre he sido una mujer atractiva y tengo un buen físico a mis 47 años, me había cuidado toda la vida y hasta que me divorcié hacía deporte habitualmente.

Después de darme un baño espumoso, maquillarme y ponerme una falda tras más de 20 años sin hacerlo me miré en el espejo y no me reconocía. Me había quitado diez años de encima y eso me daba una inyección de energía, pero cuando fui a salir a dar una vuelta me entró de nuevo el bajón. ¿Dónde iba?, ¿por qué hacía hecho eso?, ¿realmente iba a solucionar algo hacer como que estaba bien?… Empecé a llorar a lágrima viva y me tiré en el sofá totalmente angustiada.

En ese momento entró mi hijo el mayor porque habían suspendido las clases ese día y vino corriendo a mi. Como si fuera una niña pequeña me agarré a él mientras me consolaba y acariciaba mi pelo. “Vamos mamá, no te hagas más daño ni me lo hagas a mi, además, ¡estás preciosa!.”

Poco a poco me fui relajando, mi hijo se sentó en el sofá y yo me tumbé apoyando la cabeza sobre él. A medida que seguía acariciándome y tranquilizándome con sus palabras noté que tuvo una erección. Enseguida me saltaron las alarmas y toda la tristeza que tenía se convirtió en miedo, pero a la vez y extrañamente en excitación…

Mi hijo seguía hablando como si nada pero yo notaba perfectamente la dureza de su miembro, ya que mi cabeza se apoyaba sobre él. De verdad, no sé qué me pasó y confieso que fue una locura, pero empecé a mover la cabeza lentamente hacia arriba y hacia abajo de tal forma que prácticamente lo estaba masturbando por encima del pantalón. No pensaba en nada, simplemente lo hacía y punto.

De repente se hizo el silencio y yo seguí con el movimiento de cabeza mientras escuchaba la respiración acelerada de mi hijo. Lo sabía perfectamente, sabía que lo estaba masturbando y comenzó a tocarme la cara con suavidad. Poco a poco fue bajando hacia mis pechos y metió la mano por debajo del sujetador, Dios mio, no puedo explicar la increíble excitación que experimenté. Me hice a la idea de que él era mi ex-marido y eso me consolaba, de hecho tenían las mismas manos y físicamente eran casi idénticos.

Me giré para ver la cara de mi hijo y tenía los ojos cerrados, eso me reconfortó porque habría sido muy violento que me estuviera mirando. En un alarde de valentía y, sinceramente porque lo necesitaba, me coloqué en mejor postura y le bajé la cremallera del pantalón. Madre mía, su pene era mucho más grande que el de mi marido y tenía los calzoncillos empapados de líquido preseminal.

Retiré hacia un lado el calzoncillo y agarré con firmeza su gran miembro. Lentamente empecé a masturbarlo y me agarró fuertemente de las nalgas, al instante había metido entero su dedo corazón dentro de mi vagina y me penetraba con él como si lo estuviera haciendo con su pene. Introduje su polla en mi boca, tenía un sabor muy dulce y era algo que jamás había hecho con mi marido. Todo me daba igual y empecé a chupársela a ritmo medio, pero él empezó a penetrarme con su dedo más deprisa y sentí que alcanzaba el orgasmo.

Yo hice lo mismo y empecé a chuparsela a toda velocidad mientras me corría como jamás me había corrido. Empezó a eyacular y no daba a basto con tal cantidad de semen, sin embargo no me dio angustia y a medida que brotaba la leche de su polla me la iba tragando. Fue un orgasmo sincronizado tan intenso que al menos estuvimos casi un minuto corriéndonos al unísono.

No sabía muy bien qué pasaría después de aquello, pero mi hijo me preguntó: ¿te ha gustado mamá?, a lo que respondí: pues sí hijo, no te voy a mentir, me ha encantado. Pues si así te sientes mejor lo haremos cuando tú quieras, a mi también me ha gustado y no me siento mal si te he hecho feliz…

Ahí comenzó la relación incestuosa con mi hijo y además de ser una mujer plenamente feliz y satisfecha sexualmente hablando, dejé la medicación para la depresión desde ese mismo día. No le puedo pedir más a la vida y aunque mi familia no me entienda, lo más importante es que uno se encuentre bien ¿no crees?.

 

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