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Mi madrastra no era la mujer que decía ser...

Yo siempre he sido una persona muy tímida y por ese motivo nunca tuve novia ni relaciones sexuales hasta que cumplí los 18 años. Aunque no me guste reconocerlo tuve que pagar para perder la virginidad, pero bueno, guardo un buen recuerdo de aquel momento.

Recurrir a damas de compañía, prostitutas, kinesiologas, escorts o como lo quieras llamar, es algo bastante normal en los chicos porque normalmente lo tenemos mucho más difícil para tener sexo, para ellas es mucho más sencillo.

El caso es que sin darme cuenta empecé a engancharme cada vez más y más a irme de putas, afortunadamente tengo un buen trabajo y me lo puedo permitir. Cuando quiero tener sexo no me complico, simplemente elijo la prostituta que más me excita, le pago un módico precio y me desahogo.

Lo que os voy a contar a continuación es totalmente verídico y aunque esto pasó hace dos años, aún hay días en los que no me lo creo… Estaba un día ojeando webs de prostitutas online y descubrí prostivedettes, un lugar donde puedes encontrar a señoritas de compañía en Perú “a la carta”, de calidad y para todos los gustos. Pese a que muchas de las chicas tienen el rostro pixelado la verdad es que poco importa, ya que TODAS están muy buenas. Hubo una que me llamó mucho la atención porque realmente tenía un cuerpazo espectacular, pero además me resultaba extrañamente familiar…

En su perfil decía que era una madurita venezolana muy cariñosa, sus medidas eran ni más ni menos las que busco en una mujer y se desplazaría hasta mi casa o hasta un hotel, pero en su caso no ofrecía sus servicios en su propio domicilio. Muy excitado marqué su número de teléfono y rápidamente me contestó, tenía una voz dulce y muy suave y de nuevo sentía que de alguna forma algo me unía a esa prostituta.

Como vivo en el mismo edificio que mis padres decidí quedar en un hotel céntrico con ella para no levantar sospechas. Recuerdo como si fuera hoy la cita, sería ese mismo día a las 10 de la noche, estaría 1 hora con ella y el número de la habitación era la 313. Por Whatsapp le envié los datos de nuestra cita y yo acudí un par de horas antes para darme una ducha y relajarme un poco, es decir, para masturbarme un par de veces porque me gusta apurar mis citas, de lo contrario no dudaría ni 5 minutos antes de eyacular.

Una vez estuve más tranquilo me tumbé en la cama y me puse a ver la televisión ansioso por conocer a esa enigmática madura que tan rara sensación y atracción me producía. Cuando llegaron las 10 de la noche escuché unos golpecitos en la puerta y salí de la cama de un salto. Cuando abrí la puerta casi me da un infarto al ver a esa mujer…… si, ¡era mi madrastra!. Ella estaba horrorizada y quiso salir corriendo, pero la agarré del brazo y la metí en la habitación para no montar un espectáculo.

Ella lloraba y miraba al suelo desconsolada diciendo que la dejara irse. Realmente aquello no tenía que haber sucedido, sin embargo pasó, así quise afrontarlo de la mejor manera posible. Le dije que por favor se tranquilizara, que hablaríamos y seguro que todo tendría una explicación, pero ella no dejaba de temblar. Hay que pensar que yo tenía en aquel momento 27 años y hacía 25 que se había casado con mi padre, por lo que para mi era prácticamente como una madre y para ella yo era su hijo.

Para ser sincero a mi siempre me atrajo mucho y no fueron pocas las veces que me masturbé pensando en ella, aunque en el fondo eran tan solo las típicas fantasías de un adolescente. Mientras ella conseguía recobrar el aliento poco a poco se me pasaron muchas cosas por la cabeza. Allí estaba con ella a solas en una habitación, ella era una señora de compañía y yo había pagado el servicio por adelantado, ¿qué pasaría si ambos decidíamos seguir adelante?…

Hasta que finalmente conseguí razonar con ella había pasado una hora y dejé que me explicara por qué había decidido llevar esa doble vida. Ella me explicó entre lágrimas que desde hacía unos años mi padre le daba muy mala vida, bebía mucho y tenían muchas deudas. Yo lo desconocía puesto que me fui a vivir solo desde que tenía 20 años, aunque sabía que mi padre no era desde luego la mejor persona del mundo.

Mi padre era mi padre, pero entendía perfectamente el sufrimiento y la agonía de esa mujer, así que quise consolarla. Mientras le acariciaba el pelo y la abrazaba le decía que todo estaba bien, que no se preocupara porque ese sería nuestro secreto y mi padre jamás se enteraría. La verdad es que yo seguía muy excitado, ella iba vestida con una minifalda de cuero y un top a juego de color rosa, unas medias de rejilla y botas de tacón. Además, llevaba justo el perfume de mujer que más me gusta y todo aquello había provocado una fuerte erección en mi que no desaparecía…

Cuando finalmente pudimos hablar cara a cara ambos estábamos sentados en la cama muy cerca y mirándonos a los ojos. De repente sentí un impulso y quise besarle, aquello no estaba bien porque sentía como que me estaba aprovechando de la situación, pero lo hice…

Ella se dejó llevar y empezamos a besarnos suavemente, sin lengua, tan solo rozábamos nuestros labios y parábamos un instante para volver a mirarnos a los ojos como diciendo: ¿esto está sucediendo de verdad?.

Mi madrastra empezó a tocar los músculos de mi pecho y sus dedos acariciaban lentamente mis pezones. Realmente ella era una profesional y yo había pagado el servicio, así que me propuse sencillamente disfrutarlo. Bajó una de sus manos hacia mi pantalón, me quitó el cinturón y me bajó la bragueta con una facilidad pasmosa. Después, bajó mis calzoncillos y allí apareció mi miembro duro como una piedra. Seguíamos besándonos pero esta vez fusionando nuestras lenguas y cada vez más rápido mientras me masturbaba.

La sensación era mucho mejor de lo que había fantaseado cuando era joven. De repente, ella se quitó el top y aparecieron sus grandes tetas, esas que había soñado chupar mil veces. Y así lo hice. Empezó a gemir y su respiración cada vez era más fuerte, me agarró de la cabeza y aplastó fuertemente sus tetas contra mi cara. Era obvio que le excitaba mucho que se las chupara y así seguí haciéndolo un buen rato.

Cuando se sintió satisfecha se agachó y metió mi polla entre sus tetas y mientras me hacía una paja cubana lentamente clavó su mirada en mi. De vez en cuando sonreía, señal de que se había tranquilizado y aquella sería seguramente la mejor relación sexual que había tenido en mi vida. Le gustaba tener el control y aquello me excitaba más tratándose de una mujer madurita. Normalmente las chicas con las que he tenido sexo han dejado llevar y era la primera vez que alguien llevaría el control por mi.

Sin decir nada abrió su bolso y ante mi sorpresa sacó unas esposas mientras yo permanecía en silencio un poco asustado, ¿¿¿que quería hacerme???. Ella se dio cuenta y me dijo que simplemente disfrutara, no hablamos más, me tumbé en la cama y ella me encadenó con los brazos en cruz, ¡era una locura!. Encendió una vela y mientras seguía besándome se montó encima de mi verga de tal forma que restregaba su coño de adelante hacia atrás. Menos mal que me había masturbado y pude aguantar, de lo contrario la corrida habría salido en segundos.

De repente dejó caer cera ardiente en mis pezones, pero no grité, la miraba alucinado porque era bastante sádica y ante mi sorpresa, todo lo que estaba haciendo me transportaba a lugares maravillosos y me calentaba hasta límites insospechados…

Mientras seguía atado se levantó y bajó su coño hasta mi boca, mmmmmmm, qué bien olía y qué suave estaba, lo tenía depilado a la perfección y tenía unos labios vaginales carnosos simplemente perfectos. Básicamente se masturbó en mi boca y tuvo un orgasmo que me bebí como si fuera agua de mayo, ¡estaba delicioso!. En aquel momento había perdido la noción del tiempo y quería que aquello durase toda la noche, pero entendí que era su trabajo y que quizá tenía otra cita.

Le dije que podía terminar cuando quisiera y ella me dijo: esta noche es para nosotros, olvídate de la hora… En ese momento yo ya no podía más y necesitaba urgentemente eyacular, así que le dije que podíamos acabar cuando ella quisiera puesto que teníamos toda la noche por delante.

Ella volvió a sentarse sobre mi polla pero esta vez se la encajó literalmente en un segundo y hasta el fondo. Dios, qué caliente se sentía y cómo me gustaba la sensación. Primero empezó a botar lentamente en círculos y fue incrementando la marcha hasta que estaba cabalgando mi polla a toda velocidad. Me dio mucha rabia no poder agarrarla del culo puesto que lo tenía perfecto, pero era parte del juego estar esposado. Además, nunca me había corrido mientras me cabalgaba una mujer sin agarrarla de las tetas o del culo, sería una sensación completamente nueva.

Ella notó perfectamente que iba a correrme y unos segundos antes volvió al ritmo lento del principio. No puedo describir con palabras el escalofrío que recorrió mi cuerpo mientras me vaciaba dentro de mi madrastra, es algo que hay que vivir. Sin aliento y totalmente agotado me quedé tumbado mirando al techo mientras ella me quitaba las esposas. Me dio un beso en la frente y me preguntó: ¿te ha gustado?… Simplemente sonreí y la miré con cariño, con eso era suficiente y lo entendió rápidamente.

Esa noche la pasamos juntos y lo hicimos 3 veces más, a cual mejor de ellas, mi madrastra era una máquina de follar y aquello me volvía rematadamente loco. A la mañana siguiente le pregunté que cuánto le debía y ella me contestó: para la familia es gratis, tan solo tienes que guardar nuestro secreto… Desde ese día seguimos viéndonos y no se ha perdido en absoluto la llama de la pasión, yo soy para ella su amante y ella es para mi esa mujer que todo hombre necesita.

Estaré eternamente agradecido a la web prostivedettes.com, ya que gracias a ella encontré a la mejor puta que ha pasado por mi vida aunque sea de mi propia familia…

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